jueves, 17 de enero de 2008

Donde llega el Camino - Cap. 1a

Donde llega el camino, es una pregunta que solía hacerse cuando la demora de un avión lo dejaba sentado en la sala de espera de algún aeropuerto sin saber que hacer mas que tratar de encontrarle algún sentido a este ir de un lado al otro sin parar.

Pero en este gris y lluvioso día de mayo, no tenia preguntas.

Recordaba haber salido de su oficina, sabiendo que ya no regresaría, le dijo adiós a su secretaria, saludo con un hasta mañana al recepcionista y al cerrarse la puerta a sus espaldas, sé cerro el mundo que lo había rodeado desde que recibiera su graduación en la universidad y comenzara su carrera para hacer dinero.

Camino despacio.
No seguía ningún rumbo fijo.
Solo caminaba.
Las ideas llegaban por su mente, pero ninguna se quedaba por mucho tiempo.

Estaba cómo al principio, pero 20 años después, con dos matrimonios fracasados, afortunadamente sin hijos, una sucesión de amantes sin amor y en cero de nuevo.

Las calles pasaban bajo sus pies, pero no lo notaba, como tampoco a la fría llovizna que caía sobre la ciudad.

Por momentos tomaba conciencia y reconocía un gesto, una calle, algo familiar, pero la mayor parte del tiempo estaba sumergido en su bruma interna, sin notar lo que pasaba a su lado.

Todo su mundo había desaparecido como por arte de magia.

En 48 hs. paso de ser un ejecutivo que con sus decisiones manejaba el destino de cientos de personas, a un confundido caminante sin rumbo ni destino.

Al caer la noche detuvo su andar y como quien se despierta de un sueño miro a su alrededor para tratar de orientarse, pero nada le era familiar.

Que en su caminata había alcanzado los suburbios era claro, pero no sabia donde estaba exactamente, cuando salió de su oficina era cerca del mediodía, miro el reloj, vio que eran las 21.30 hs. pasadas.

La hora y el mal tiempo habían vaciado la calle y solo se veía un bar pequeño abierto a unos cien metros.

La luz de la marquesina, al reflejarse sobre el asfalto mojado, marcaba un sendero, se dirigió hacia el y mientras lo hacia, percibió por primera vez sus ropas húmedas por la lluvia, y el agotamiento producto de esa larga caminata sin rumbo lo invadió por completo.

Al entrar al bar, la calidez del mismo se convirtió en la primera sensación agradable que recibía en el día.

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